01 Tips para observación astronómica
02 ¿Cómo observar ciertos objetos?
03 Tipos de telescopios
04 Nuestro cielo (reseña cultural, constelaciones andinas)
Nuestro cielo (reseña cultural, constelaciones andinas)
Chile cuenta con incomparables paisajes, recursos hídricos, minerales, forestales y agrícolas que lo han situado en el mapa mundial. Sin embargo, uno de los patrimonios naturales (no siempre presente en el colectivo) que más reportes ha dado a nuestro país en términos de desarrollo científico y tecnológico, es el cielo.
Gracias a la sequedad del clima, las condiciones atmosféricas y sobre todo la claridad que en nuestro territorio expresa la bóveda celeste, nos ha convertido en un país eminentemente astronómico, con megaproyectos de observación instalados en el norte de Chile y una variedad de complejos astroturísticos dispuestos para aficionados.
La admiración por el cielo, sin embargo, no es exclusiva de la época contemporánea. Los antiguos habitantes de nuestro país y todo el sector andino, descubrieron tempranamente las utilidades prácticas y religiosas de la observación astronómica, centrando en gran parte su cosmovisión en el movimiento de los astros.
A diferencia de la cultura griega y romana, que imaginaron míticas figuras en el cielo con la unión de estrellas, mapuches, incas, aymaras y otras culturas crearon constelaciones a las zonas oscuras de la Vía Láctea, gestando alrededor de ello múltiples mitos y leyendas que develan parte de su cosmovisión.
Constelaciones de la Vía Láctea
Las informaciones proporcionadas por las fuentes etnohistóricas y etnográficas, permiten constatar que los pueblos andinos alcanzaron cierto desarrollo en los conocimientos astronómicos. Incluso muchas de estas nociones permanecen en las tradiciones culturales y en el universo simbólico de varios pueblos cordilleranos.
A diferencia de romanos y griegos que idearon constelaciones a partir de la unión ficticia de estrellas, los pastores andinos imaginaron figuras en el cielo nocturno con las manchas oscuras visibles entre las estrellas que forman la Vía Láctea.
Estas figuras estaban asociadas a animales significativos para el desarrollo de la comunidad. Así, la constelación más representativa es la Llama (Catachillay o Yakana) y su cría, identificables en gran parte de la mancha blanquecina que expresa nuestra galaxia. Hacia la derecha, al centro, justo bajo la Cruz del Sur, aparece Yutu o la Constelación de la Perdiz. Luego, Hanpatu o la Constelación del Sapo y, finalmente, Machacuay nombre otorgado a la Serpiente. Hacia la izquierda de la Llama se identifica a Atoq o el Zorro, y luego nuevamente Yutu, la perdiz.
Los movimientos que estas "constelaciones oscuras" realizan a lo largo del año sirvieron a los pastores en los Andes para programar sus actividades ganaderas.
"Y estos veneraban a otra que andaba cerca a la estrella de Urcuchillay y era la llama Catachillay, que es algo grande junto a otra pequeña, de las que dicen era una llama con su cría...", Relató el cronista Bernabé Cobo, en Historia del Nuevo mundo, (1653).
En términos astronómicos, la constelación de la Llama se localiza en la parte sur de la Vía Láctea, bajo la Cruz del Sur, donde las estrellas Alfa y Beta Centauro representan sus ojos.
La medianoche del 28 de Octubre los ojos de Yakana (Alfa y Beta Centauro) y por tanto su cabeza, están en la posición más baja en el horizonte. Según el mito, durante esta jornada el animal se acerca para beber agua del mar y así evitar la inundación del mundo. Esto implica que Yakana se encuentra bebiendo las aguas del océano y luego tiene que orinar para fecundar y nutrir el universo con el fin de que las lluvias circulen nuevamente.
"...dicen que la Yacana (Catachillay), es como la sombra de una llama o un doble de este animal que camina por el centro del cielo. Es muy grande y más negro que el cielo nocturno, tiene un cuello largo y dos ojos... dicen también, que baja a medianoche a beber el agua del mar, cuando no es posible que la vean y sientan por que si no bebiera esta agua, el mundo entero quedaría inundado y dicen que tiene cría y cuando está empieza a lactar, despierta". (Francisco de Avila, Dioses y hombres de Huarochorí, 1598).
Yakana es la fuerza vital de las llamas, es decir, el alma que las hace vivir. El contenido simbólico de la presencia de este animal en la Vía Láctea trata de explicar el ciclo del agua. El mito en parte explica cómo el agua llega desde el mar al Mayu o río celestial (Vía Láctea), lo que es sólo posible gracias a que Yakana amamanta a su cría. Para que el agua circule por el Mayu y caiga a la tierra en forma de lluvia, la llama tiene que orinar lo que ha amamantado.
"...que por medio del cielo atravesaba un río muy grande, que es una cinta blanca llamada Vía Láctea. De este río se creía que la llama tornaba el agua que derramaba sobre la Tierra...". (Bernabé Cobo, Historia del Nuevo mundo, 1653).
Otro mito asociado a esta simbología, relata que de noche Yakana acostumbraba beber agua de los manantiales. Si al realizar este gesto se posaba sobre alguien, transmitía mucha suerte al involucrado. Mientras la persona se encontraba aplastada por la enorme cantidad de lana del animal, otros hombres le arrancaban la fibra. Durante el amanecer del día siguiente, se veía la lana que habían arrancado la noche anterior, que era de todas clases y mezclas. Si el hombre afortunado no tenía llamas, rápidamente debía comprar un animal hembra y otro macho para formar su rebaño, y luego adorar la lana de la Yakana en el lugar donde la habían arrancado.
Este animal era necesario y fundamental para la supervivencia de estos pueblos y por ello no es raro que aparezca representado en la astronomía.
De hecho, no sólo era visualizada en el cielo. Los Incas edificaron en Ollantaytambo, conjunto arquitectónico incaico ubicado en el valle del río Urubamba (Perú), un gigantesco espacio ritual que sigue la forma de una llama sentada acariciando a su cría. Como nota al margen, es preciso señalar que esta civilización elegía ciertos lugares especiales o huacas (relacionados a determinados elementos de la naturaleza y del mundo sobrenatural) como cerros, cursos de aguas, manantiales, arenales, minas o cuevas.